Netza Jáuregui busca imponer a Julieta Ramírez con encuestas a modo, publicidad millonaria y dinero sin explicar
Netza Jáuregui, operador político y pareja sentimental de la senadora Julieta Ramírez, señalan en el círculo político está detrás de la difusión de encuestas pagadas en distintos medios para colocarla artificialmente como número uno rumbo a la gubernatura de Baja California, en lo que actores políticos señalan como una operación propagandística financiada con recursos cuyo origen no ha sido aclarado.
Mientras en calles y colonias de Tijuana y el estado su presencia es mínima, en redes sociales presume cifras infladas que diversos sectores atribuyen a cuentas automatizadas, manejo pagado de plataformas como “Julieta fans” y una estrategia digital costosa. Incluso, según información pública de Meta, la página de la senadora destina más de 600 mil pesos mensuales en publicidad pagada, lo que refuerza la pregunta que crece en el ambiente político: de dónde sale el dinero para financiar medios, encuestas, operación digital y equipos dedicados a posicionarla, y si esos recursos son realmente lícitos. Que la mayoría de sus seguidores son de Latinoamérica, por eso no pinta en Baja California, ya que quienes manejan esa cuenta estarían pautando publicidad en toda la región latinoamericana.



A esto se suma el reclamo por su desempeño como senadora, señalado como enfocado en la agenda nacional sin resultados visibles para Baja California, el estado que la llevó al cargo. Para críticos, esto confirma que su prioridad no ha sido servir al estado, sino buscar el poder a toda costa, ahora impulsada desde la estructura política y personal que encabeza Jáuregui.
Además, en mediciones donde sí aparecen todos los perfiles, la exalcaldesa Montserrat Caballero la supera, motivo por el cual afirman voces políticas es excluida de las encuestas difundidas por ellos. Con antecedentes de aspiraciones fallidas en Mexicali, Netza Jáuregui apuesta todo a esta operación; sin embargo, la maniobra exhibe desesperación, opacidad en el uso de recursos y un intento forzado por construir con dinero y simulación lo que no existe en el territorio.
El movimiento recuerda una vieja práctica de la política mexicana: construir desde el poder mediático la narrativa de un proyecto de pareja que busca escalar hasta el control del gobierno como lo hizo el PRI en 2012.

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